domingo, 16 de febrero de 2014

¡¡¡¡¡¡¡ VÁYASE SEÑOR CARDENAL !!!!!

Nota: mi amigo y admirado Antonio Aradillas, fiel a su promesa de colaborar en este polémico blog, me envía un interesante artículo, que transcribo...




¡VÁYASE, SR. CARDENAL¡

NOTA: Si tal imprecación  antes pudiera haber sido interpretada por algunos  como una irreverencia, después de la ejemplarizante renuncia   de Benedicto XVI  a la Santa Sede, la frase  alcanza categoría  de  jaculatoria. El gesto del Papa ni fue, ni es, ni será puramente simbólico.  Será de aquí en adelante norma, paradigma y padrón. De todas formas, y como enseñar al que no sabe sigue siendo  “obra de misericordia”, a algunos de nuestros lectores les podrá resultar provechoso  el dato siguiente: con  Depósito Legal   9857/75, publiqué el año 1975 un libro  titulado “Iglesia 2001”, cuyas páginas  218 y ss. están dedicadas al tema, con el título de “La  Renuncia del Papa”, con inclusión de una foto de Pablo VI pontificalmente porteado en la “silla gestatoria”.

. Despejando  la súplica de “¡Váyase, Sr. Cardenal¡” de cualquier remembranza  política hoy en uso, -poco menos que con el ínclito deseo de que uno se vaya, para que otros ocupen el lugar-, es ocioso destacar que tan solo el bien de la Iglesia  es justificación suprema  de la petición de que se jubile cuanto antes el cardenal de Madrid.

. Es así mismo ocioso referir que, si somos algunos –pocos- los que decidimos hacer pública tal deprecación, son muchos más los que no lo hacen, ni por ahora lo harán, por razones, unas comprensibles, y otras no tanto. El miedo y el jerarquismo mal digerido y sacramentalizado, son excusas respetables para que el silencio sea guardián imperturbable e intransigente para seguir manteniendo  la legitimidad de sus comportamientos. Vivir en los actuales tiempos de inclementes  mudanzas es poco -nada- rentable.

.Con honestidad, a grito limpio, y con implorantes letanías, la Iglesia demanda reforma,  de modo similar, por su gravedad, a como en los tiempos de Lutero. Quienes de alguna manera son sus protagonistas activos, han de ser los primeros  que, con humildad y sentido penitencial, dejen paso a otros, a los que, a veces con la mejor de las intenciones, anatematizaron y condenaron,  y hasta expulsaron  de la común unión eclesial, con las lágrimas y los dolores que  ello comportaba y comporta.

.  La influencia que en la Iglesia española, ejerce  el cardenal de Madrid,- presidente de la Conferencia Episcopal, es incuestionable. Lo es hasta el punto  de que la Iglesia es, se  manifiesta  y  se hace presente en España,  en conformidad con la concepción y la imagen que de ella encarna el cardenal por sí o por los incondicionales a su servicio o al de sus ideas. Cuando  uno y otras se  sacralizan, su anquilosamiento está asegurado de manera infalible.

. Sí, “váyase, Sr. Cardenal”. Cumplió usted con creces  los 75 años establecidos canónicamente para la  jubilación como obispo, y su renuncia sería un acto ejemplar de servicio  a la Iglesia, tal y como recientemente aconteció en el caso de Benedicto XVI. No hay motivo alguno eclesial insalvable para que el  cardenal de Madrid tenga que seguir ejerciendo   como obispo de  una de las  diócesis más importantes de la Iglesia Católica.  La existencia de posibles motivos no conocidos  es impensable.

. La jubilación –“júbilo” o “jubileo”- , es camino de apostolado y de felicidad. Es oración. Es contemplación. Es ascética y mística. Y además es historia. Es visión  de la misma  desde santas lejanías. Es revisión y examen de conciencia. Es hora y tiempo de  impartir consejos a quienes tengan necesidad de los mismos y así los demanden. Es tiempo de pedir perdón y de ofrecer disculpas La jubilación es preparación  para franquear  orillas del acabamiento y de eternidades. Retirados en conventos, casas de oración o en el propio domicilio, los obispos lo serán más y mejor.

. Por amor de Dios, y sin restringir libertades de ninguna clase,  que a nadie se le ocurra pensar que sea otro el sentimiento de quien esto suscribe, y de cuantos quisieran suscribirlo, que el servicio a la Iglesia.  Con su decisión, en la historia eclesiástica, Benedicto XVI es,  y seguirá siendo, tanto o más Papa que otros.

. Prepare su valija, señor cardenal, y váyase, a ser posible, acompañado de los capitostes de algunas congregaciones religiosas- “católicas, apostólicas y romanas”-,  que están mancillando y desorientando la Iglesia  de Cristo. El camino pudiera recorrerlo en compañía  de quien tautológicamente debiera haber sido  “Camino” en  las ruedas de prensa.


padre Antonio Aradillas






gracias por la colaboración ,,, cja

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