hace crecer en mí la reflexión del porqué se santifica en la Iglesia Católica...
son correctas las beatificaciones y santificaciones en curso?..
me envía el siguiente escrito....
In Itínere
SAN DON QUIJOTE “¡ORA PRO NOBIS¡”
En vísperas ya de las celebraciones del quinto centenario de
la publicación de la “Segunda parte
del Ingenioso Caballero Don Quijote de la Mancha, por Don Miguel de
Cervantes Saavedra, año 1615, en
Madrid, en la imprenta de Juan de la Cuesta”, huelga destacar que el recuerdo del acontecimiento será legítimamente rentabilizado, por
razones culturales y turísticas. No obstante, y prioritariamente, creo que a la
Iglesia española habría de
corresponderle parte importante del protagonismo en la inspiración y
organización del evento.
El personaje de novela tan universal fue todo un santo. Su intención se ciñó en
gran parte a descabalgar a muchos de la lectura de los Libros de
Caballería de la época, que instigaban
a vivir en un mundo de irrealidades, sin poner los pies en el suelo, con pesadillas y ensoñaciones,
“justificados” tan solo gracias al compromiso y ejecución de cuantos esfuerzos
y obras exigieran “llevar a cabo aventuras en pro de los menesterosos”.
Las razones y “milagros” que en su día testificaran el enaltecimiento
modélico del venerable Don
Quijote son muchas más. Fácilmente
comprensibles, propias y específicas
de las páginas de cualquier santoral, o “Año Cristiano”, y al alcance de
todas las culturas. Las finalidades de la “Caballería real e histórica” en la
que sirvió, y a la que se consagró,
se compendian en “la defensa y protección de la Iglesia, de las viudas, de los
huérfanos y de todos los servidores de Dios” y en la “búsqueda de la caridad, la lealtad, la justicia
y la verdad”
Don Quijote
es dechado de virtudes. Hombre de palabra. De “palabra de honor”. Honesto y cabal. Todo un caballero. Noble,
hidalgo y “hombre de bien”. “Buena
persona”. Hombre de paisajes y de naturaleza. De ríos y de montes .De
contemplación. Hombre de pueblo, y en disposición testificante de “desfacedor” de cuantos entuertos le salieran al paso, aunque para ello
tan solo contara con su buena
intención e idealismos. De profundas convicciones religiosas. Amante de las leyes e instituciones, con
devota mención para la eclesiástica, “ a la que respeto y adoro como
católico y fiel cristiano que soy”.
Don Quijote no se ahorró ejercer la crítica social. Defendió
virtudes patrias. Fue amante de la
libertad. Prudente y respetuoso con la familia, su vivencia religiosa está fuera de dudas, e inspira capítulos y episodios de gran interés y relevancia en su vida y en
la de quienes se relacionaron con
él, con cariñosa y benevolente mención para su escudero “hermano” Sancho, y
para la “suspirada y cuitada” Dulcinea del Toboso. Su cosmovisión fue seriamente cristiana. Aún más,
religiosa. Por ejemplo, para él
ninguna venganza es justa, tal
y como decididamente proclama
en el capítulo 27 de su
parte segunda, avalando su raciocinio con palabras literales del
santo Evangelio.
Don Quijote – filo erasmista-, siente y manifiesta una profunda aversión por los exteriorismos de la religión,
sin dejar de lamentar
la influencia del clero en
el poder. Su programa de vida la
redacta él mismo como “una lucha
hasta dar muerte a la soberbia, la
envidia, la ira, la gula, la lujuria y lascivia y la pereza”. Destaca el hecho de
la predilección y devoción
especial que manifiesta tener al
santo laico que podría encarnarse en el “Caballero del Verde Gabán”, y que seguramente no
resultaría del agrado de una
sociedad tan clericalizada como
la suya. Y es que “la libertad, aún ligada a la
pobreza, es mejor que la riqueza
unida a la corrupción y al poder “.
En la síntesis de episodios de vida canonizable que sugiero, reclama definitiva atención su reconocida propensión hacia la Sagrada Escritura –“palabra
de Dios”- que cita con asiduidad, oportunidad
y respeto. Las frases bíblicas tachonan la mayoría de los capítulos de su vida. Para valorar este dato es preciso recordar
que las dificultades
para poseer, leer e interpretar directa y personalmente
la Biblia por parte de los
laicos, eran muchas y hasta perseguibles de oficio. Cervantes - Don
Quijote- la conocía y aplicaba sus
textos a la perfección, y sin excesivos temores al “Santo
Tribunal de la Inquisición” mostrándose especialmente devoto de los Libros Sapienciales.
En conformidad con la sentencia bíblica de que “tal y como fue la vida, será la
muerte”, la de Don Quijote es todo
un ejemplo de muerte cristiana. Al
capítulo de su redacción pertenecen estos textos: ”¡ Bendito sea el poderoso
Dios que tanto bien me ha hecho¡
En fin, sus misericordias no
tienen límite, ni las abrevian, ni impiden los pecados de los hombres ….La misericordia es la que ha
usado Dios conmigo…Yo tengo juicio ya, libre y claro, sin las sombras caliginosas de la ignorancia que sobre él me pusieron mi amarga y continuada leyenda de los detestables libros de Caballería
Llámame a mis buenos amigos el cura, al bachiller Sansón Carrasco y al maese Nicolás el barbero, que quiero confesarme y hacer mi
testamento…Dadme albricias, buenos señores, de que yo ya no soy don Quijote de la Mancha, sino Alonso
Quijano a quien mis costumbres me dieron renombre de Bueno..”
Don Quijote merece ser reconocido, al menos, como
aspirante a enriquecer las páginas
del Santoral, además, porque enseñó a hacer uso del sagrado lenguaje
del castellano, con precisión, sonoridad y belleza, a una buena parte del mundo cristiano, que en el mismo se dirige a Dios, a los ángeles, a los santos y al resto del Pueblo de Dios.
En su castellano se han redactado libros de salvación y cultura, cartas de saludo y de despedida,
fórmulas sacramentales,
testamentos, acciones de gracias, petición de perdón, poesías y
novelas, vidas de santos,
eucaristías, felicitaciones…En el castellano de “San Don Quijote de la Mancha” se construyó la convivencia entre personas y
pueblos, y en su camino se
emplearon palabras escritas y
orales como las más elocuentes fórmulas
de entendimiento y de amor, entre otras, “Primeramente has de
temer a Dios, porque en el temerle
está la sabiduría, y siendo sabio, en nada podrás errar”.
En tan fervoroso contexto serán generosamente
factibles la ayuda y el empeño del Papa Francisco, castellano-parlante por más
señas, devoto lector de tan prodigioso y actualizado manual de catecismo
quijotil, de vivencias religiosas intensas, entrañado en el pueblo- pueblo,
culto, cortés, alegre y simpático y con acentuada proyección hacia tantas
personas que mayoritariamente
rezan hoy en el idioma cervantino.

