lunes, 22 de junio de 2015

DE NUEVO LA IGLESIA

mi estimado y culto amigo, D.Antonio Aradillas, me envía el prólogo de su nuevo libro.

me unen a él muchas cosas... la principal es que mi Dios, ante todo es misericordioso..
y no vengativo como el de la tradición judeo-cristiana...

polémico como siempre.. pero como siempre también realista y docto





In Itínere

 REBELIÓN EN LA IGLESIA (Tras los pasos del Papa Francisco)

 INTRODUCCIÓN

Congéneres, o sinónimos, del término “rebelión” son, por ejemplo,  “insurrección”, “subversión”, “alzamiento”, “pronunciamiento”, “manifestación”, “echarse a la calle” o, simplemente, “revuelta”. De todos ellos proclama la historia, con mención particular y sagrada para  su reducción eclesiástica de “cisma”,  que su fama   fue, es y será, al menos “acatólica” e “irreligiosa”, cuando no simplemente “atea”. Sobre las ideas que mantuvieron  y acolitaron  los comportamientos a ellas inherentes, con satisfactoria y santa complacencia para algunos,  recayeron descalificaciones, anatemas y condenas que proyectaron sus nefastos  efectos  no solo en esta vida, sino también en la otra. Esto no obstante, para otros, dentro de la misma Iglesia, cuanto se relacione con la religión- rebelión entraña gestos y mensajes  de refundación y reforma identificables  la mayoría de ellos con conceptos y expresiones  terminológicas  con el de la “penitencia”, esencial al  de la “revelación”. “Rebeldía” y “revelación”  establecen de por sí una relación  indisoluble,  a  la luz  de la fe –evangelio-, salvadora por teología y por naturaleza.

Los movimientos promotores de ideas  y comportamientos de “rebelión” se les suelen adscribir en la historia  de la Iglesia  sistemáticamente a personas, células o núcleos reducidos  -clérigos o laicos- , insatisfechos  de por sí, y por vocación, y además sin exponerse  a perder cargos y comodidades  materiales, y aún espirituales, derivadas de  su situación religiosa. Muy raramente fueron los miembros de la jerarquía eclesiástica quienes se sintieran llamados  a encarnar la misión- ministerio  de reformadores, iniciándola y encaminándola  hasta sus últimas consecuencias. La comprobación de que  los todopoderosos miembros de la jerarquía, en sus grados y estratos máximos  fueron –y son- precisamente los menos favorecedores, sino  enemigos declarados, de toda clase de reforma, es tarea tristemente fácil y asequible.




Pero misteriosamente, y por la gracia de Dios, la elección como Obispo de Roma  del bendito Papa Francisco, levantó  dentro, y aún fuera, de la Iglesia, ráfagas salvadoras de esperanzas gozosas, merecedoras  de la atención  que justifiquen  la publicación de las reflexiones de este y de  otros libros, tal y como  se desprende  de los registros bibliográficos más recientes. 

El Papa Francisco es y se comporta hoy como un verdadero rebelde. La rebeldía es signo –sacramento- de su  manera de ser y de actuar al servicio de Dios y del pueblo, con plenas garantías de que  su compromiso con el evangelio es, por encima de todo, su autoridad y su fuerza. Tal reconocimiento y proclamación  por parte de católicos, acatólicos, miembros de otras religiones y oficialmente “ateos”, así lo confiesan  con naturalidad y grandeza, y con explícito reconocimiento  de que la humildad- humanidad, la sencillez, la transparencia, la cercanía y la ternura-terneza “franciscanas” son sus principales referencias “pontificias” fraternas.

La noticia –evangelio se proclama y expande  por esos mundos de Dios  en los infinitos titulares de los medios de comunicación social, de que hoy, ya y por fin, (¡!) a la Iglesia le es consubstancial la rebelión y esta comenzó a recorrer sus mismos caminos, con toda clase  de bendiciones, compromisos, iniciativas y estímulos  por parte del Papa. Subtítulos de tan sorprendente  e insólita noticia  se dedican a destacar  las reacciones consiguientes,  a favor o en contra, protagonizadas por personas y por sectores  amplios y representativos, en la legítima pluralidad de sus opiniones, sin dejar de resaltar el acentuado rechazo  de la  omnipresente “Iglesia oficial”, responsable última de las decisiones, doctrinas y silencios, sobre todo “curiales”.

Referir, ponderar  y explicar  la características de la “rebelión”, sin ahorrarse el término de “cisma”, es tarea de los profesionales de la información, que aportan circunstancias y datos, que posiblemente alberguen  gestos, palabras y signos de cansancio   que, en ocasiones, desfiguran la imagen atractiva  y simpática del  Papa Francisco.




Los interrogantes que “el pueblo fiel”, y aún el ajeno a creencias y a disciplinas  oficialmente cristianas,  se formulan con inaplazable actualidad, por la radical importancia  que entrañarán sus respuestas, son, entre otros, estos:

¿Es más o menos, y en realidad, la única y verdadera Iglesia, la que predica y testifica  el Papa Francisco? ¿Son ya, y serán muchos  más  quienes están decididos  a no creer en la misma, con inclusión de parte de su jerarquía? ¿Se adecua el ritmo  de reformas impuesto  por el Papa Francisco  a las demandas  de los tiempos  que  necesitan en algunas de sus ideas  y ordenamientos litúrgicos  y canónicos  profundas reconversiones – refundaciones, al haber perdido  sentido y justificación  evangélica  y estar en contradicción  con la doctrina  y el testimonio incuestionablemente cristianos?  ¿Puede ser, sentirse  y ejercer de Papa  -Obispo de Roma-  quien, a su vez,  es Jefe de Estado, y así es reconocido y tratado  en relación con quienes lo son de otros países?. ¿Es cristiano y humano el trato discriminatorio “religioso” que la mujer, por mujer, sigue recibiendo  en la Iglesia Católica, cuya suprema ley  - Código de Derecho Canónico-  exige la condición de “vir baptizatus” – varón-, para ser sacerdote? ¿Es posible  hoy predicar  y recomendar  las ventajas de la democracia, y no ser y ejercer tal virtud  dentro de la propia institución eclesiástica? ¿Es y hace política la Iglesia? ¿Qué signo, fervor, devoción y dirección la alientan? ¿Qué pensar y hacer con las riquezas de la Iglesia? ¿Puede ser y es pobre la Iglesia? ¿Lo son y así ejercen, de pobres sus representantes jerárquicos y quienes acaparan tal titulación? ¿Es cristiana la Iglesia? ¿Lo son –lo fueron-  no pocos de sus santos, aún los canonizados oficialmente? ¿Es cristiana, y aún aproximadamente científica,  la interpretación que con frecuencia  se les presta a los evangelios y a otros libros sagrados? ¿Es en mayor proporción, rito y culto la Iglesia, que servicio, vida y compromiso sociales? ¿Es la cruz su signo infalible, o lo es la resurrección,  de la que ella fue y es su camino? ¿Qué porción de adoración a Dios  contiene y expresa la liturgia, dando la impresión  que pasa y se detiene  en las personas- oficiantes? ¿Cual es la historia verdadera y el sentido y significado del celibato sacerdotal? ¿Qué es eso del ecumenismo, y que fue de axiomas tales  como el de que “fuera de la Iglesia –Católica, por supuesto-, no hay salvación”?

La dirección y el sentido que tienen y tengan la resolución de estos y de  otros interrogantes, aportarán los perfiles  de lo que se quiere que sea  la Iglesia.  Los diseñados por el Papa Francisco  distan bastante de asemejarse  a los que los fueron en tiempos aún bastante recientes. Tal convicción explica el hecho  de que unos cristianos, posiblemente al dictado de buenas intenciones,  y generadas por adoctrinamientos pretéritos, rezan por la “iluminación- conversión”, o  “eliminación -muerte  santa y devota” del Papa. Otros lo reconocen y proclaman por encima de cualquier circunstancia  geográfica, como  criado y recriado en Asís, con los rasgos y contornos eternos  de la espiritualidad mecida  ya al calor de las representaciones primeras  del Portal de Belén.


“Rebelión de la Iglesia” (Tras los pasos del Papa Francisco) aporta elementos válidos  suficientes de juicio  como para contribuir  a la toma de conciencia  de la situación de rebelión  que se vive en la Iglesia, y que previsiblemente se acrecentará aún más  con el transcurso del tiempo y de las personas. La Iglesia del Papa Francisco no es para  muchos, “Iglesia”. Es “Ex –Iglesia”. Para otros, la  “Ex Iglesia” fue y es la vivida y mandada vivir  por  Papas, obispos y sectores católicos  a la luz y bajo la inspiración  y esperanzas surgidas auroralmente por el Concilio Vaticano II, pero interpretado este, aún oficialmente, con criterios  ante conciliares, más cercanos, o idénticos, a los del Concilio de Trento.

No es ociosa mi insistencia  en reseñar  que  el término “rebelión”, que destaca en el título del libro, y en  todo contexto eclesial, está revestido  con las características, gracias y mercedes  parejas  a las del  “revelación- redención” universal, llevada a cabo, y consumada, por Cristo Jesús, en el riguroso contexto  de los orígenes semánticos de la activa, pacificadora y dinámica  “ausencia de guerra”, -“bellum”- para los latinos. La cita y recuerdo expreso  a los “pasos” – “tras los pasos del Papa Francisco” del título del libro, se cimentan en los   antecedentes gramaticales  de la palabra “pasos”, con alusiones directas  a “vivir-transitar por la vida” con las glorias  y limitaciones  de la “pasión” y “padecimientos”, características de toda humana existencia.

Algunos temas que componen, y  alberga mi libro constituyeron en su día  otros tantos capítulos  de mi blog “In itínere” de “Religión Digital”, glosados con largueza y lógica diversidad de criterios por los comentaristas de turno. Otros temas son inéditos. Respecto a ellos, subrayo  que, al ser las circunstancias de lugar y de tiempo sus inspiradores,  su actualidad hay que mensurarla  en función de las mismas, aunque siempre con el convencimiento de que, tanto la religión que la vida  no se prestan en demasía  a piruetas de ninguna  clase, aunque no por eso tengan que formularse votos  de  doncellería  respecto a los sobresaltos…

La fe, la esperanza  y la caridad –el amor-  administrados con tanta liberalidad  en nuestro caso por el Papa Francisco, garantizan de alguna manera  el acierto  en la elección  de los temas, en su reiteración y hasta  en el disimulo y silencio “prudente” de muchos de ellos, con la confianza de que a la Iglesia, como a la vida en general, no le queda más camino que el de la rebelión. “A su medida y armoniosamente, como decían los griegos, es fórmula “religiosa humana y divina a la vez.
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Expreso aquí mi agradecido reconocimiento personal a quienes hacen hoy posible, con   RD., -José Manuel Vidal y Jesús Bastante, su director y su redactor- jefe respectivamente-, la plural coincidencia de secciones y firmas de quienes en tantos capítulos de la historia de la información religiosa  en España, “en el nombre de Dios  y de la autoridad superior correspondiente”, tuvieron que ceñirse a recitar a coro  el “Amén”, obligados a grapar sus noticias y comentarios con inapelables, dogmatizados y reverenciales silencios.