me unen a él muchas cosas... la principal es que mi Dios, ante todo es misericordioso..
y no vengativo como el de la tradición judeo-cristiana...
polémico como siempre.. pero como siempre también realista y docto
In Itínere
REBELIÓN EN LA IGLESIA (Tras los pasos
del Papa Francisco)
INTRODUCCIÓN
Congéneres, o
sinónimos, del término “rebelión” son, por ejemplo, “insurrección”, “subversión”, “alzamiento”,
“pronunciamiento”, “manifestación”, “echarse a la calle” o, simplemente,
“revuelta”. De todos ellos proclama la historia, con mención particular y
sagrada para su reducción
eclesiástica de “cisma”, que su
fama fue, es y será, al menos
“acatólica” e “irreligiosa”, cuando no simplemente “atea”. Sobre las ideas que
mantuvieron y acolitaron los comportamientos a ellas inherentes,
con satisfactoria y santa complacencia para algunos, recayeron descalificaciones, anatemas y condenas que
proyectaron sus nefastos
efectos no solo en esta
vida, sino también en la otra. Esto no obstante, para otros, dentro de la misma
Iglesia, cuanto se relacione con la religión- rebelión entraña gestos y
mensajes de refundación y reforma
identificables la mayoría de ellos
con conceptos y expresiones
terminológicas con el de la
“penitencia”, esencial al de la
“revelación”. “Rebeldía” y “revelación”
establecen de por sí una relación
indisoluble, a la luz de la fe –evangelio-, salvadora por teología y por
naturaleza.
Los movimientos
promotores de ideas y
comportamientos de “rebelión” se les suelen adscribir en la historia de la Iglesia sistemáticamente a personas, células o núcleos
reducidos -clérigos o laicos- ,
insatisfechos de por sí, y por
vocación, y además sin exponerse a
perder cargos y comodidades
materiales, y aún espirituales, derivadas de su situación religiosa. Muy raramente fueron los miembros de
la jerarquía eclesiástica quienes se sintieran llamados a encarnar la misión- ministerio de reformadores, iniciándola y
encaminándola hasta sus últimas
consecuencias. La comprobación de que
los todopoderosos miembros de la jerarquía, en sus grados y estratos
máximos fueron –y son-
precisamente los menos favorecedores, sino enemigos declarados, de toda clase de reforma, es tarea
tristemente fácil y asequible.
Pero
misteriosamente, y por la gracia de Dios, la elección como Obispo de Roma del bendito Papa Francisco,
levantó dentro, y aún fuera, de la
Iglesia, ráfagas salvadoras de esperanzas gozosas, merecedoras de la atención que justifiquen la publicación de las reflexiones de
este y de otros libros, tal y
como se desprende de los registros bibliográficos más
recientes.
El Papa Francisco es y se comporta hoy como un verdadero rebelde. La
rebeldía es signo –sacramento- de su
manera de ser y de actuar al servicio de Dios y del pueblo, con plenas
garantías de que su compromiso con
el evangelio es, por encima de todo, su autoridad y su fuerza. Tal
reconocimiento y proclamación por
parte de católicos, acatólicos, miembros de otras religiones y oficialmente “ateos”,
así lo confiesan con naturalidad y
grandeza, y con explícito reconocimiento de que la humildad- humanidad, la sencillez, la
transparencia, la cercanía y la ternura-terneza “franciscanas” son sus
principales referencias “pontificias” fraternas.
La noticia
–evangelio se proclama y expande
por esos mundos de Dios en
los infinitos titulares de los medios de comunicación social, de que hoy, ya y
por fin, (¡!) a la Iglesia le es consubstancial la rebelión y esta comenzó a
recorrer sus mismos caminos, con toda clase de bendiciones, compromisos, iniciativas y estímulos por parte del Papa. Subtítulos de tan
sorprendente e insólita
noticia se dedican a destacar las reacciones consiguientes, a favor o en contra, protagonizadas por
personas y por sectores amplios y
representativos, en la legítima pluralidad de sus opiniones, sin dejar de
resaltar el acentuado rechazo de
la omnipresente “Iglesia oficial”,
responsable última de las decisiones, doctrinas y silencios, sobre todo
“curiales”.
Referir,
ponderar y explicar la características de la “rebelión”,
sin ahorrarse el término de “cisma”, es tarea de los profesionales de la
información, que aportan circunstancias y datos, que posiblemente alberguen gestos, palabras y signos de
cansancio que, en ocasiones,
desfiguran la imagen atractiva y
simpática del Papa Francisco.
Los interrogantes
que “el pueblo fiel”, y aún el ajeno a creencias y a disciplinas oficialmente cristianas, se formulan con inaplazable actualidad,
por la radical importancia que
entrañarán sus respuestas, son, entre otros, estos:
¿Es más o menos, y
en realidad, la única y verdadera Iglesia, la que predica y testifica el Papa Francisco? ¿Son ya, y serán
muchos más quienes están decididos a no creer en la misma, con inclusión
de parte de su jerarquía? ¿Se adecua el ritmo de reformas impuesto
por el Papa Francisco a las
demandas de los tiempos que necesitan en algunas de sus ideas y ordenamientos litúrgicos y canónicos
profundas reconversiones – refundaciones, al haber perdido sentido y justificación evangélica y estar en contradicción con la doctrina
y el testimonio incuestionablemente cristianos? ¿Puede ser, sentirse y ejercer de Papa -Obispo de Roma- quien, a su vez, es Jefe de Estado, y así es reconocido
y tratado en relación con quienes
lo son de otros países?. ¿Es cristiano y humano el trato discriminatorio
“religioso” que la mujer, por mujer, sigue recibiendo en la Iglesia Católica, cuya suprema ley - Código de Derecho Canónico- exige la condición de “vir baptizatus”
– varón-, para ser sacerdote? ¿Es posible
hoy predicar y
recomendar las ventajas de la democracia,
y no ser y ejercer tal virtud
dentro de la propia institución eclesiástica? ¿Es y hace política la
Iglesia? ¿Qué signo, fervor, devoción y dirección la alientan? ¿Qué pensar y
hacer con las riquezas de la Iglesia? ¿Puede ser y es pobre la Iglesia? ¿Lo son
y así ejercen, de pobres sus representantes jerárquicos y quienes acaparan tal
titulación? ¿Es cristiana la Iglesia? ¿Lo son –lo fueron- no pocos de sus santos, aún los
canonizados oficialmente? ¿Es cristiana, y aún aproximadamente científica, la interpretación que con frecuencia se les presta a los evangelios y a
otros libros sagrados? ¿Es en mayor proporción, rito y culto la Iglesia, que
servicio, vida y compromiso sociales? ¿Es la cruz su signo infalible, o lo es
la resurrección, de la que ella
fue y es su camino? ¿Qué porción de adoración a Dios contiene y expresa la liturgia, dando la impresión que pasa y se detiene en las personas- oficiantes? ¿Cual es
la historia verdadera y el sentido y significado del celibato sacerdotal? ¿Qué
es eso del ecumenismo, y que fue de axiomas tales como el de que “fuera de la Iglesia –Católica, por supuesto-,
no hay salvación”?
La dirección y el
sentido que tienen y tengan la resolución de estos y de otros interrogantes, aportarán los
perfiles de lo que se quiere que
sea la Iglesia. Los diseñados por el Papa Francisco distan bastante de asemejarse a los que los fueron en tiempos aún
bastante recientes. Tal convicción explica el hecho de que unos cristianos, posiblemente al dictado de buenas
intenciones, y generadas por adoctrinamientos
pretéritos, rezan por la “iluminación- conversión”, o “eliminación -muerte
santa y devota” del Papa. Otros lo reconocen y proclaman por encima de
cualquier circunstancia
geográfica, como criado y
recriado en Asís, con los rasgos y contornos eternos de la espiritualidad mecida ya al calor de las representaciones primeras del Portal de Belén.
“Rebelión de la
Iglesia” (Tras los pasos del Papa Francisco) aporta elementos válidos suficientes de juicio como para contribuir a la toma de conciencia de la situación de rebelión que se vive en la Iglesia, y que
previsiblemente se acrecentará aún más
con el transcurso del tiempo y de las personas. La Iglesia del Papa
Francisco no es para muchos, “Iglesia”.
Es “Ex –Iglesia”. Para otros, la “Ex
Iglesia” fue y es la vivida y mandada vivir por Papas,
obispos y sectores católicos a la
luz y bajo la inspiración y
esperanzas surgidas auroralmente por el Concilio Vaticano II, pero interpretado
este, aún oficialmente, con criterios
ante conciliares, más cercanos, o idénticos, a los del Concilio de
Trento.
No es ociosa mi
insistencia en reseñar que el término “rebelión”, que destaca en el título del libro, y
en todo contexto eclesial, está
revestido con las características,
gracias y mercedes parejas a las del “revelación- redención” universal, llevada a cabo, y
consumada, por Cristo Jesús, en el riguroso contexto de los orígenes semánticos de la activa, pacificadora y
dinámica “ausencia de guerra”,
-“bellum”- para los latinos. La cita y recuerdo expreso a los “pasos” – “tras los pasos del
Papa Francisco” del título del libro, se cimentan en los antecedentes gramaticales de la palabra “pasos”, con alusiones directas a “vivir-transitar por la vida” con las
glorias y limitaciones de la “pasión” y “padecimientos”,
características de toda humana existencia.
Algunos temas que
componen, y alberga mi libro
constituyeron en su día otros tantos
capítulos de mi blog “In itínere”
de “Religión Digital”, glosados con largueza y lógica diversidad de criterios
por los comentaristas de turno. Otros temas son inéditos. Respecto a ellos,
subrayo que, al ser las
circunstancias de lugar y de tiempo sus inspiradores, su actualidad hay que mensurarla en función de las mismas, aunque siempre con el
convencimiento de que, tanto la religión que la vida no se prestan en demasía a piruetas de ninguna
clase, aunque no por eso tengan que formularse votos de doncellería
respecto a los sobresaltos…
La fe, la
esperanza y la caridad –el
amor- administrados con tanta
liberalidad en nuestro caso por el
Papa Francisco, garantizan de alguna manera el acierto en
la elección de los temas, en su
reiteración y hasta en el disimulo
y silencio “prudente” de muchos de ellos, con la confianza de que a la Iglesia,
como a la vida en general, no le queda más camino que el de la rebelión. “A su
medida y armoniosamente, como decían los griegos, es fórmula “religiosa humana
y divina a la vez.
.
Expreso aquí mi agradecido
reconocimiento personal a quienes hacen hoy posible, con RD., -José Manuel Vidal y Jesús
Bastante, su director y su redactor- jefe respectivamente-, la plural
coincidencia de secciones y firmas de quienes en tantos capítulos de la
historia de la información religiosa
en España, “en el nombre de Dios
y de la autoridad superior correspondiente”, tuvieron que ceñirse a
recitar a coro el “Amén”, obligados
a grapar sus noticias y comentarios con inapelables, dogmatizados y reverenciales
silencios.
No hay comentarios:
Publicar un comentario