domingo, 8 de junio de 2014

ANTONIO ARADILLAS...... ABDICACION...

de nuevo transcribo pensamientos mordaces y polémicos de Aradillas...






 “POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS…”

Con piedad y el sentido  de la actualidad  que muchos viven en España  en estos días, con ocasión  de la abdicación de Juan Carlos I, como rey, pueden tener pleno acomodo  cristiano, sugerencias como estas:

. Canonizaciones presurosas  como las apuntadas  en las declaraciones “oficiales” de la jerarquía eclesiástica  -Conferencia Episcopal Española-  en relación  con el reconocimiento a la tarea  concreta de la vigilancia  de la institución  monárquica  encarnada en el rey, podrían y deberían ser más cuidadosamente  administradas.  Las canonizaciones “ante”, y aún las “post mortem”, se prestan a “lapsus” y equivocaciones frecuentemente falaces.

. A algunos les sorprenden  las valoraciones que la Iglesia, por su jerarquía,  efectúa en los ámbitos de la “democracia”, achacando sus imprecisiones posiblemente  a la nula aplicación práctica  del sistema que la caracteriza,  y del que prescinde, de por sí,  pese a las  recomendaciones que a veces  les formula a Estados e instituciones  ajenas,  hoy por hoy, como el “menos malo” de regímenes, administraciones y gobiernos. Magnificar hasta el reconocimiento  público y oficial la ejemplaridad de vivencias  democráticas, y prescindir –y aún condenarlas- dentro  de la propia casa y funcionamiento de sus principales organismos, no es ni constructivo ni coherente, y menos, fiable.

. Idénticos procedimientos y oficialidad se rechazan al subrayar la jerarquía  la función, tarea y cumplimiento  de las normas  favorecedoras del sistema democrático, identificadas en este caso con las encarnadas por el rey de España,  que pudo y debió la misma jerarquía  haber ejercido, por ejemplo, a la hora de descalificar y exigirle un comportamiento  personal más ejemplar al frente de la institución, del que él mismo tuvo  gallardía y valor  de pedir públicamente perdón  a su pueblo…

. Insisto en la necesidad de una  más correcta  y exigente administración  de las “canonizaciones”  políticas y administrativas. Al autor de estas líneas le encargó en su día una editorial  la redacción  de un libro titulado “La Iglesia en el cambio”, cuyo subtítulo fue, y es el de “piedra de escándalo”. Me limité a transcribir  parte de los discursos y alocuciones  de los obispos de España, a propósito de la muerte de Franco. Con excepción de tres, todos los demás lo “canonizaron”. Los Boletines Oficiales  de diócesis y archidiócesis  así lo certifican. Pasado el tiempo, sabemos bien lo que aconteció, y todavía acontece, en la interpretación de la historia  del llamado “nacional- catolicismo”.

. Aprovechando que las aguas de los riachuelos  gallegos que transcurren  `por el territorio lucense  de Villalba, van todas al Miño, – al igual que las del Manzanares lo hacen al Tajo, y las de “Valladolid al Duero”-, destaco  el hecho de la abdicación del rey, con la correspondiente y respetuosa alusión  a la eternización “por los siglos de los siglos” del Cardenal de Madrid… (“Dos Papas, dos reyes y un solo Cardenal”).

. La razón formulada por el monarca de que  “hay que dar paso a las nuevas generaciones”, es realmente contundente, lógica   y precisa. Los problemas son otros. Cambian todos  de signo. Los cansancios son más acuciantes. Las palabras no son las mismas, por lo que es imposible el diálogo, pese a la buena intención por una parte y por otra. Se vive –se perdura- en mundos distintos y, a veces, hasta  opuestos.

.  La Iglesia, administradora de la gracia de Dios,  reclama, y reclamará,  la colaboración consciente, alegre y providencial  de sus hijos a la hora de su generación- regeneración permanente. El argumento de la experiencia  no vale. Encubre  intereses propios o ajenos. El que “todavía se es útil –imprescindible- al ministerio y oficio”, encubre una pereza infinita, cuando no  una ilimitada, inconsciente y odiosa soberbia. Instalar en el paro, y en la ineficiencia pastoral,  a posibles obispos  arzobispos, Cardenales y demás “dignatarios eclesiásticos” jóvenes, aleja a la Iglesia  de las anchas y luminosas perspectivas de presente y futuro  que, por  definición, y por voluntad de Cristo Jesús,  la distingue, la  señala y la vocaciona.

. ¡Ánimo, Sr. Cardenal¡, con la confianza , sapiencia y satisfacción que confiere  la contemplación  ejemplar de la figura  del emérito  Papa Benedicto XVI quien, precisamente  con su renuncia, escribió  uno de los capítulos más importantes  y transcendentales  de la historia eclesiástica  de todos los tiempos.




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