viernes, 25 de abril de 2014

SAN JUAN PABLO ...ORA PRO NOBIS?

ante la canonización de Juan Pablo II, surgen voces de protesta...

no soy quien para opinar...

fervientes católicos claman contra los pactos de solidarnosz.. contra acuerdos con USA..

contra fuertes politiqueos no doctrinales...

repito, no soy quien para opinar...

pero publico un artículo de mi respetado y querido Antonio Aradillas...





SAN JUAN PABLO, “¡ORA PRO NOBIS¡

 Se perciben ya en la Iglesia universal  los repiqueteos  de las campanas en las vísperas solemnes  de  las canonizaciones de los Papas Juan XXIII y Juan Pablo II. Toda reflexión que con carácter religioso  se efectúe en el entorno  de acontecimientos de tanto relieve  habrá de ser considerada constructivamente positiva,  con el feliz convencimiento  de que la no coincidencia  en alguna de sus apreciaciones  jamás habrá de ser calificada, a la luz, de la fe, como herética, cismática, atrevida o iconoclasta. Ni se peca, ni se es más o menos buen  cristiano, por el solo hecho de estar en desacuerdo, y expresar reparos y discrepancias, en relación con alguna de estas ceremonias. Aún más, su misma exposición en público  pudiera conllevar de por sí  una buena dosis de riesgos  y descalificaciones  de quienes mayoritariamente  piensen  de distinta manera.  El hecho es que  son  importantes las dudas  con las que se identifican no pocos  miembros del pueblo de Dios  en relación con la oportunidad, urgencia y procedencia  de la canonización del Papa Juan Pablo II.

. La “patrimonialización”  de la santidad oficial –“elevación a los altares”-, parece haber alcanzado  demasías, excesos y desproporcionados grados de  valoración canónica, hasta el punto de hacerle llegar al “pueblo fiel” al convencimiento de que, desde mediados del siglo XIX,  todo Papa, por serlo,  tiene reservados ya  su sitial, aureola, patronazgo y festividad  litúrgica en el “Año Cristiano”.

. Según el sentir de buena parte de teólogos, y  del pueblo de Dios, el estilo de santidad “pontifical” que encarnó Juan Pablo II no resulta ser soberanamente  ejemplar, ni en los tiempos en los que  testificara el ejercicio de su ministerio, ni en los actuales.  No son descalificables de por sí quienes todavía  siguen  apuntando que Juan Pablo II, antes de haber aceptado su elección, debiera haber investigado hasta sus últimas consecuencias  legales, canónicas o no,  las causas de la muerte de su antecesor  Juan Pablo I.


. El hecho más que constatado de haber recluido –enclaustrado-  en el libro de  Actas del Concilio Vaticano II, la mayoría de sus principios de renovación religiosa , en respuesta a las crecientes y urgentes  demandas  de la Iglesia, es motivo  de sorpresa, asombro y aún de escándalo  en no pocos sectores. Lo fue también el  nulo, o tímido, intento  de reforma de la Curia Romana. Ante el “pueblo fiel”, y ante el “infiel”, tal reforma, o desaparición curial,   sigue siendo demandada, pese a los buenos y efectivos propósitos del Papa Francisco,  por los medios de comunicación  intra o extra eclesiásticos, con toda clase de pruebas  y descalificaciones.

. Señalar áreas concretas  como las relacionadas con las “exambrosioanas” bancarias y las pederastias –fundadores y educadores-, a nadie se le ocurrirá tildar de revanchistas  o de vengativos. Idéntico diagnóstico  corresponderá a los inspiradores y representantes  de la reforma  y de la adecuación de la teología  pastoral y moral, quienes en desacuerdo con el pensamiento oficial de la Curia Romana, fueron expulsados  de sus cátedras y docencias universitarias, estigmatizados sin piedad, sin argumentos  e inmisericordiosamente, en esta vida y en la otra.. El comportamiento de Juan Pablo  II , que fotográficamente perdura, en su relación con uno de los máximos responsables de la Teología de la Liberación, es para muchos, prueba y señal de falta de comprensión y de caridad, de humanidad y de humildad, aunque la idea de la firme, pero más que discutible, ortodoxia,  y de los dogmatismos  destacaran los perfiles  gráficos.

. Como exculpación  a determinados comportamientos  pontificales al uso, con sensatez y ponderación, hay quienes, en esta como en tantas otras situaciones, y casos, refieren que “de tanto mandar los Papas, de ser llamados, y creerse ellos  mismos, Vice-Dios o Vicarios de Cristo, perdieron la sagrada costumbre  de escuchar “, lo que les obliga  a vivir fuera, o  “en el mejor de los mundos”.

. Otros exculpan, o explican, las referidas limitaciones , subrayando  los achaques de salud  sufridos por el Papa en los últimos tiempos, sin humor y responsabilidad para haber llevado a cabo  la renuncia  que tuviera prevista  y que había anunciado a algunos de sus íntimos cooperadores, precisamente  los más interesados en que todo  -ellos también-  continuaran al frente de sus cometidos  curiales, y con la falaz e irresoluta persuasión  de que eran el bien de la Iglesia  y el servicio al pueblo lo único que  los mantenía al frente de “sus” respectivos dicasterios romanos.

.  Las beatificaciones y canonizaciones , desde la pluralidad de motivaciones religiosas, para- religiosas, y tal vez hasta irreligiosas,  precisan de  revisión urgente y profunda,  en cuyo planteamiento y  formulación habrá de hacerse activamente presente  el pueblo de Dios, constituido por la jerarquía y los laicos, por principio, con fervoroso  y decidido rechazo  a todo cuanto  llegue   a significar  algún atisbo de culto a la personalidad, a  las instituciones que la acogen  y a los promotores  de las llamadas “causas de los santos”. Será, de aquí en adelante, el evangelio, solo el evangelio, y no los “milagros”, ni el Derecho Canónico, los inspiradores de las beatificaciones y canonizaciones, y más cuando sean sus protagonistas los Papas…

Antonio Aradillas dixit.

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