In Itínere.
COLEGIOS
“DESRELIGIOSIZADOS”
El barbarismo
“desreligiosizar”, aplicado a los colegios, y más a los llamados popularmente”
de la Iglesia”, sería considerado como pecado grave para muchos. Y no solamente desde perspectivas y valoraciones académicas, sino, en
definitiva, ético-morales y en conformidad con rigurosos esquemas evangélicos. Huelga reseñar
que no se trata aquí y ahora de
adjetivaciones aplicadas a colegios, como pudieran ser, los “impíos,
incrédulos, infieles, descreídos, enciclopedistas o abiertamente anticlericales”. Se trata lisa y humildemente
de contribuir a analizar, desvelar, actualizar y cuestionar la
condición veraz de “religiosos” detentada
por asociaciones, Órdenes, Congregaciones o instituciones, que se les haya adjudicado
en conformidad con cánones o normas eclesiásticas.
. El hecho de que a
la hora de reivindicaciones
concordatarias, para-concordatarias o constitucionales, precisamente en estos colegios se
libren escaramuzas,
contiendas y hasta “cruzadas” en relación
con ciertos idearios, fiestas y determinados símbolos “cristíferos”, no tiene por qué decidir en su
raíz la auténtica religiosidad enseñada, impartida y aprendida en los centros de nuestra referencia.
. Desde los primeros
pasos que en los caminos de la
educación integral han de darse, siempre con nitidez,
pedagogía y responsabilidad plena y eminentemente teológica y pastoral, habrán
de prevalecer la idea y el convencimiento
de que los signos y actos
de culto, de por sí, no son los elementos básicos para la construcción
del edificio de la fe y de la Iglesia. Son –habrán de ser- , consecuentemente,
los valores apodados hasta ahora meramente como “humano”, los que entrañan la realidad
evangélica que compromete, y con
los que se compromete, la condición de pertenencia activa a la Iglesia.
.A la mayoría de los colegios llamados
“religiosos” , les sobran ritos, “congregaciones”, estampas y hábitos , santos
y santas, retablos, ceremonias , uniformes, reglas y devocionarios.. En
ocasiones, y cuando desgraciadamente se comprueba que en la mayoría de los casos, las Primeras Comuniones son, o habrán de ser, las últimas, quedando de las “Primeras” poco más que
el blanco y balbuciente recuerdo del
“Jesusito de mi vida”, de los regalos y de los besos y abrazos de familiares y amigos, la preparación
del “acontecimiento del día más feliz de mi vida”, refrendado por la dirección
de los centros religiosos, reclama
una profunda y responsable
revisión a la luz de la fe
y de las obras, al menos por aquello
de la “fe sin obras”, del “qué dirán” y de “obras son amores, que no
buenas razones”
. . La
“desreliosización” de colegios como estos es tarea elemental tanto cívica como
eclesial. El redescubrimiento de valores esenciales de la fe, como la solidaridad, el sentido de la participación, la alegría, el
desprendimiento, la disponibilidad, el respeto, la comprensión, la tolerancia,
la ternura… y tantas otras asignaturas y vivencias es de capital importancia en el planteamiento y
organigrama mínimamente religiosos
de los centros educadores, para los que la Iglesia es su marco de asignación y bautismo.
. En la inicua
confluencia de educación, pederastia y centros religiosos, su mención y
recordatorio para los casos
registrados dentro y fuera de España, se hacen indispensables, necesarios e inexorables. “Tolerancia cero” es el
marco único en el que se ha de
encuadrar convergencia tan horrible, para lo que los responsables de la comunidad
educativa habrán de proporcionar toda clase de facilidades para que sea la justicia la que
determine los procedimientos a
seguir, con la consiguiente asunción de
cargas, resarcimientos penales e indemnizaciones. La colaboración, leal petición de perdón, la
disposición de resolver o paliar
los efectos y secuelas de los
desafueros cometidos, es principio primordial de religiosidad y artículo de fe
en la catequesis cristiana.
. Rehuir, explicar o
esquivar cualquiera de estas
exigencias y obligaciones
acrecentaría aún más la gravedad
del escándalo ante propios y extraños hasta límites y descalificaciones impensables. Ocultar estos desmanes, excusarlos o ampararlos
de alguna manera, y no haberlos vigilado a tiempo, jamás podrán etiquetarse de
cristianos. “Tolerancia cero” es virtud, referencia y comportamiento religiosos.
. Pese a las
palabras claramente condenatorias y reprobadoras del Papa Francisco
contra los pederastas censados
en instituciones, organismos “religiosos”, los casos particulares más recientes, hubieran sido merecedores de intervenciones
pastorales de los obispos,
arzobispo, y cardenales de las
respectivas diócesis, distraídos
tal vez en masivas
organizaciones a la
sombra de siglas y eslóganes
juveniles.
“Desreligiosizar”
los colegios en los que a la
pederastia se le rindiera el más
mínimo y remoto acto de culto,
supondrá una buena, ejemplar y
edificante obra de misericordia.
El Papa Francisco colaborará en la “desreligiosización” –
reconversión de algunos de ellos,
tanto o más que en la “conversión” de los “impíos y ateos” tradicionales,
dando por supuesto, en
determinados casos, el justo, y salvador, apelativo de “presunto”.
qué maravilla de amigo...

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